Primera lectura
Veo al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
En aquellos días, Esteban, lleno de Espíritu Santo, fijando la mirada en el cielo, vio la
gloria de Dios, y a Jesús de pie a la derecha de Dios, y dijo:
«Veo los cielos abiertos y al Hijo del hombre de pie a la derecha de Dios».
Dando un grito estentóreo, se taparon los oídos; y, como un solo hombre, se abalanzaron
sobre él, lo empujaron fuera de la ciudad y se pusieron a apedrearlo. Los testigos dejaron
sus capas a los pies de un joven llamado Saulo y se pusieron a apedrear a Esteban, que
repetía esta invocación:
«Señor Jesús, recibe mi espíritu».
Luego, cayendo de rodillas y clamando con voz potente, dijo:
«Señor, no les tengas en cuenta este pecado».
Y, con estas palabras, murió.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
R. El Señor reina, altísimo sobre toda la tierra.
O bien:
R. Aleluya.
V. El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Justicia y derecho sostienen su trono. R.
V. Los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.
Adoradlo todos sus ángeles. R.
V. Porque tú eres, Señor,
Altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R.
Segunda lectura
¡Ven, Señor Jesús!
Lectura del libro del Apocalipsis.
Yo, Juan, escuché una voz que me decía:
«Mira, yo vengo pronto y traeré mi recompensa conmigo para dar a cada uno según sus
obras.
Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin, el primero y el último.
Bienaventurados los que lavan sus vestiduras para tener acceso al árbol de la vida y
entrar por las puertas en la ciudad.
Yo, Jesús, he enviado a mi ángel para dar testimonio de esto a las iglesias.
Yo soy la raíz y la descendencia de David, la estrella radiante de la mañana».
El Espíritu y la esposa dicen: «¡Ven!».
Y quien lo oiga, diga: «¡Ven!».
Y quien tenga sed, que venga. Y quien quiera, que tome el agua de la vida
gratuitamente.
Dice el que da testimonio de estas cosas:
«Sí, vengo pronto».
Amén. ¡Ven, Señor Jesús!
Palabra de Dios.
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. No os dejaré huérfanos —dice el Señor—; me voy y vuelvo a vuestro lado, y se alegrará vuestro corazón. R.
Evangelio
¡Que sean completamente uno!
+ Lectura del santo Evangelio según san Juan.
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo, oró diciendo:
«Padre santo, no solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la
palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos
también sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno;
yo en ellos, y tú en mí, para que sean completamente uno, de modo que el mundo sepa
que tú me has enviado y que los has amado a ellos como me has amado a mí.
Padre, este es mi deseo: que los que me has dado estén conmigo donde yo estoy y
contemplen mi gloria, la que me diste, porque me amabas, antes de la fundación del
mundo.
Padre justo, si el mundo no te ha conocido, yo te he conocido, y estos han conocido que
tú me enviaste. Les he dado a conocer y les daré a conocer tu nombre, para que el amor
que me tenías esté en ellos, y yo en ellos».
Palabra del Señor.