Primera lectura
Los oídos de los sordos se abrirán, y cantará la lengua del mudo
Lectura del libro de Isaías.
Decid a los inquietos:
«Sed fuertes, no temáis.
¡He aquí vuestro Dios! Llega el desquite,
la retribución de Dios.
Viene en persona y os salvará».
Entonces se despegarán los ojos de los ciegos,
los oídos de los sordos se abrirán;
entonces saltará el cojo como un ciervo
y cantará la lengua del mudo,
porque han brotado aguas en el desierto
y corrientes en la estepa.
El páramo se convertirá en estanque,
el suelo sediento en manantial.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
R. Alaba, alma mía, al Señor.
O bien:
R. Aleluya.
V. El Señor mantiene su fidelidad perpetuamente,
hace justicia a los oprimidos,
da pan a los hambrientos.
El Señor liberta a los cautivos. R.
V. El Señor abre los ojos al ciego,
el Señor endereza a los que ya se doblan,
el Señor ama a los justos.
El Señor guarda a los peregrinos. R.
V. Sustenta al huérfano y a la viuda
y trastorna el camino de los malvados.
El Señor reina eternamente,
tu Dios, Sion, de edad en edad. R.
Segunda lectura
¿Acaso no eligió Dios a los pobres como herederos del Reino?
Lectura de la carta del apóstol Santiago.
Hermanos míos, no mezcléis la fe en nuestro Señor Jesucristo glorioso con la acepción
de personas.
Suponed que en vuestra asamblea entra un hombre con sortija de oro y traje lujoso, y
entra también un pobre con traje mugriento; si vosotros atendéis al que lleva el traje de
lujo y le decís: «Tú siéntate aquí cómodamente», y al pobre le decís: «Tú quédate ahí de
pie» o «siéntate en el suelo, a mis pies», ¿no estáis haciendo discriminaciones entre
vosotros y convirtiéndoos en jueces de criterios inicuos?
Escuchad, mis queridos hermanos: ¿acaso no eligió Dios a los pobres según el mundo
como ricos en la fe y herederos del Reino que prometió a los que lo aman?
Palabra de Dios.
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Jesús proclamaba el evangelio del reino, y curaba toda dolencia del pueblo. R.
Evangelio
Hace oír a los sordos y hablar a los mudos
+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.
En aquel tiempo, dejando Jesús el territorio de Tiro, pasó por Sidón, camino del mar de
Galilea, atravesando la Decápolis. Y le presentaron un sordo, que, además, apenas podía
hablar; y le piden que le imponga la mano.
Él, apartándolo de la gente, a solas, le metió los dedos en los oídos y con la saliva le
tocó la lengua.
Y mirando al cielo, suspiró y le dijo:
«Effetá» (esto es, «ábrete»).
Y al momento se le abrieron los oídos, se le soltó la traba de la lengua y hablaba
correctamente.
Él les mandó que no lo dijeran a nadie; pero, cuanto más se lo mandaba, con más
insistencia lo proclamaban ellos.
Y en el colmo del asombro decían:
«Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos».
Palabra del Señor.