domingo, 31 de octubre de 2027

31º Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo B

Primera lectura

Escucha Israel: Amarás al Señor con todo tu corazón

Lectura del libro del Deuteronomio.

Moisés habló al pueblo diciendo:

«Teme al Señor, tu Dios, tú, tus hijos y nietos, y observa todos sus mandatos y

preceptos, que yo te mando, todos los días de tu vida, a fin de que se prolonguen tus

días. Escucha, pues, Israel, y esmérate en practicarlos, a fin de que te vaya bien y te

multipliques, como te prometió el Señor, Dios de tus padres, en la tierra que mana leche

y miel.

Escucha, Israel: El Señor es nuestro Dios, el Señor es uno solo. Amarás, pues, al Señor,

tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas.

Estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza.

V. Yo te amo, Señor; tú eres mi fortaleza;

Señor, mi roca, mi alcázar, mi libertador. R.

V. Dios mío, peña mía, refugio mío,

escudo mío, mi fuerza salvadora, mi baluarte.

Invoco al Señor de mi alabanza

y quedo libre de mis enemigos. R.

V. Viva el Señor, bendita sea mi Roca,

sea ensalzado mi Dios y Salvador:

Tú diste gran victoria a tu rey,

tuviste misericordia de tu ungido. R.

Segunda lectura

Como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que no pasa

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos:

Ha habido multitud de sacerdotes de la anterior Alianza, porque la muerte les impedía

permanecer; en cambio, Jesús, como permanece para siempre, tiene el sacerdocio que

no pasa. De ahí que puede salvar definitivamente a los que se acercan a Dios por medio

de él, pues vive siempre para interceder a favor de ellos.

Y tal convenía que fuese nuestro sumo sacerdote: santo, inocente, sin mancha, separado

de los pecadores y encumbrado sobre el cielo.

Él no necesita ofrecer sacrificios cada día como los sumos sacerdotes, que ofrecían

primero por los propios pecados, después por los del pueblo, porque lo hizo de una vez

para siempre, ofreciéndose a sí mismo.

En efecto, la ley hace sumos sacerdotes a hombres llenos de debilidades. En cambio, la

palabra del juramento, posterior a la ley, consagra al Hijo, perfecto para siempre.

Palabra de Dios.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. El que me ama guardará mi palabra —dice el Señor—, y mi Padre lo amará, y vendremos a él. R.

Evangelio

Amarás al Señor, tu Dios. Amarás a tu prójimo

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, un escriba se acercó a Jesús y le preguntó:

«¿Qué mandamiento es el primero de todos?».

Respondió Jesús:

«El primero es: “Escucha, Israel, el Señor, nuestro Dios, es el único Señor: amarás al

Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente, con todo tu

ser”. El segundo es este: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. No hay mandamiento

mayor que estos».

El escriba replicó:

«Muy bien, Maestro, sin duda tienes razón cuando dices que el Señor es uno solo y no

hay otro fuera de él; y que amarlo con todo el corazón, con todo el entendimiento y con

todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos y

sacrificios».

Jesús, viendo que había respondido sensatamente, le dijo:

«No estás lejos del reino de Dios».

Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas.

Palabra del Señor.

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