Primera lectura
Lectura del profeta Isaias
Dice el Señor: Aquel día se cantará este canto en la tierra de Judá:
“Tenemos una ciudad fuerte.
Para salvarnos
levantó el Señor murallas y fortificaciones.
Abrid las puertas para que pase una nación justa
que se mantiene fiel.
Señor, tú conservas en paz a los de carácter firme,
porque confían en ti.
Confiad siempre en el Señor, porque él es refugio eterno.
Palabra de DIos
Salmo responsorial
R/ Que el Señor construya la casa,
que el Señor nos guarde la ciudad,
que nos llene de sus riquezas
y nos guarde siempre del mal.
Si el Señor no construye la casa,
En vano se afanan los constructores.
Si el Señor no guarda la ciudad,
En vano vigila la guardia.
En vano madrugáis a levantaros
El descanso retrasáis
los que coméis pan de fatigas
Cuando el colma a su amado mientras duerme.
Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos
Hermanos:
Permaneced en el amor fraterno.
No os olvidéis de la hospitalidad,
sin saberlo, algunos hospedaron ángeles.
No améis el dinero.
Contentaos con lo que tenéis, porque Dios ha dicho:
“Nunca te dejaré ni te abandonaré.”
Así que podemos decir con confianza:
“El Señor es mi ayuda; no temeré”.
¿Qué me puede hacer el hombre?”
En este mundo no tenemos una ciudad
que permanezca para siempre,
sino que vamos en busca de la ciudad eterna.
Por eso debemos alabar siempre a Dios
por medio de Jesucristo.
Esta alabanza es el sacrificio que debemos ofrecer.
¡Alabémosle, pues, con nuestros labios!
No os olvidéis de hacer el bien
y de compartir con otros lo que tenéis,
porque estos son los sacrificios que agradan a Dios.
Palabra de Dios
AL.LELUIA
Dichosos los perseguidos por causa del Hijo del hombre.
Su recompensa será grande en el cielo.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo,
Bajando Jesús con los apóstoles,
se detuvo en un paraje llano.
Se habían reunido allí muchos de sus seguidores
y mucha gente de toda la región de Judea,
y de Jerusalén y de la costa de Tiro y Sidón.
Habían venido para oir a Jesús
y para que los curase de sus enfermedades.
Los que sufrían a causa de espíritus impuros,
también quedaban sanados.
Así que toda la gente quería tocar a Jesús,
porque los sanaba a todos con el poder que de él salía.
Jesús miró a sus discípulos y les dijo:
“Dichosos vosotros los pobres,
porque vuestro es el reino de Dios.
“Dichosos los que ahora tenéis hambre,
porque quedaréis satisfechos.
“Dichosos los que ahora lloráis,
porque después reiréis.
“Dichosos vosotros cuando la gente os odie,
cuando os expulsen, cuando os insulten
y cuando desprecien vuestro nombre como cosa mala,
por causa del Hijo del hombre.
Alegraos mucho, llenaos de gozo en aquel día,
porque recibiréis un gran premio en el cielo.