miércoles, 10 de febrero de 2027

Miércoles de Ceniza

Ciclo B

Primera lectura

El leproso vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento

Lectura del libro del Levítico.

El Señor dijo a Moisés y a Aarón:

«Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le

produzca una llaga como de lepra, será llevado ante el sacerdote Aarón, o ante uno de

sus hijos sacerdotes.

Se trata de un leproso: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la

cabeza.

El enfermo de lepra andará con la ropa rasgada y la cabellera desgreñada, con la barba

tapada y gritando: “¡Impuro, impuro!”. Mientras le dure la afección, seguirá siendo

impuro. Es impuro y vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Tú eres mi refugio,

me rodeas de cantos de liberación.

V. Dichoso el que está absuelto de su culpa,

a quien le han sepultado su pecado;

dichoso el hombre a quien el Señor no le apunta el delito

y en cuyo espíritu no hay engaño. R.

V. Había pecado, lo reconocí,

no te encubrí mi delito;

propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»,

y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R.

V. Alegraos, justos, y gozad con el Señor;

aclamadlo los de corazón sincero. R.

Segunda lectura

Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:

Ya comáis, ya bebáis o hagáis lo que hagáis, hacedlo todo para gloria de Dios.

No deis motivo de escándalo ni a judíos, ni a griegos, ni a la Iglesia de Dios; como yo,

que procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propia ventaja, sino la de la

mayoría, para que se salven.

Sed imitadores míos como yo lo soy de Cristo.

Palabra de Dios.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. R.

Evangelio

La lepra se le quitó, y quedó limpio

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:

«Si quieres, puedes limpiarme».

Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:

«Quiero: queda limpio».

La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.

Él lo despidió, encargándole severamente:

«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por

tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».

Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que

Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares

solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor.

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