Primera lectura
Cuando venga un extranjero, lo escucharás
Lectura del primer libro de los Reyes.
En aquellos días, Salomón oró en el templo, diciendo:
«Al extranjero, al que no es de tu pueblo Israel y viene de un país lejano a orar en este
templo a causa de tu Nombre —porque oirán hablar de tu gran Nombre, de tu mano
fuerte y de tu brazo extendido—, tú lo escucharás en los cielos, lugar de tu morada;
harás al extranjero según lo que te pida, para que todos los pueblos de la tierra conozcan
tu Nombre y te respeten como tu pueblo Israel, y reconozcan que tu Nombre es
invocado en este templo que yo he construido».
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
R. Id al mundo entero
y proclamad el Evangelio.
O bien:
R. Aleluya.
V. Alabad al Señor todas las naciones,
aclamadlo todos los pueblos. R.
V. Firme es su misericordia con nosotros,
su fidelidad dura por siempre. R.
Segunda lectura
Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo
Comienzo de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas.
Pablo, apóstol no de parte de hombres ni por mediación de ningún hombre, sino por
Jesucristo y Dios Padre, que lo resucitó de entre los muertos, y todos los hermanos que
están conmigo, a las iglesias de Galacia.
Me maravilla que hayáis abandonado tan pronto al que os llamó por la gracia de Cristo, y
os hayáis pasado a otro evangelio.
No es que haya otro evangelio; lo que pasa es que algunos os están turbando y quieren
deformar el Evangelio de Cristo.
Pues bien, aunque nosotros mismos o un ángel del cielo os predicara un evangelio distinto
del que os hemos predicado, ¡sea anatema!
Lo he dicho y lo repito: Si alguien os anuncia un evangelio diferente del que recibisteis,
¡sea anatema!
Cuando digo esto, ¿busco la aprobación de los hombres, o la de Dios?, ¿o trato de agradar
a los hombres? Si siguiera todavía agradando a los hombres, no sería siervo de Cristo.
Palabra de Dios.
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito; todo el que cree en él tiene vida eterna. R.
Evangelio
Ni en Israel he encontrado tanta fe
+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, cuando Jesús terminó de exponer todas sus enseñanzas al pueblo,
entró en Cafarnaún.
Un centurión tenía enfermo, a punto de morir, a un criado a quien estimaba mucho. Al
oír hablar de Jesús, el centurión le envió unos ancianos de los judíos, rogándole que
viniese a curar a su criado. Ellos, presentándose a Jesús, le rogaban encarecidamente:
«Merece que se lo concedas, porque tiene afecto a nuestra gente y nos ha construido la
sinagoga».
Jesús se puso en camino con ellos. No estaba lejos de la casa, cuando el centurión le
envió unos amigos a decirle:
«Señor, no te molestes, porque no soy digno de que entres bajo mi techo; por eso
tampoco me creí digno de venir a ti personalmente. Dilo de palabra y mi criado quedará
sano. Porque también yo soy un hombre sometido a una autoridad y con soldados a mis
órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; y a mi criado: “Haz esto”,
y lo hace».
Al oír esto, Jesús se admiró de él y, volviéndose a la gente que lo seguía, dijo:
«Os digo que ni en Israel he encontrado tanta fe».
Y al volver a casa, los enviados encontraron al siervo sano.
Palabra del Señor.