Primera lectura
Mira, tu hijo está vivo
Lectura del primer libro de los Reyes.
En aquellos días, cayó enfermo el hijo de la dueña de la casa; su mal fue agravándose
hasta el punto de que no le quedaba ya aliento. Entonces la viuda dijo a Elías:
«¿Qué hay entre tú y yo, hombre de Dios? ¡Has venido a recordarme mis faltas y a
causar la muerte de mi hijo!».
Elías respondió:
«Entrégame a tu hijo».
Lo tomó de su regazo, lo subió a la habitación de arriba donde él vivía, y lo acostó en su
lecho. Luego clamó al Señor, diciendo:
«Señor, Dios mío, ¿vas a hacer mal a la viuda que me hospeda, causando la muerte de
su hijo?».
Luego se tendió tres veces sobre el niño, y gritó al Señor:
«Señor, Dios mío, que el alma de este niño vuelva a su cuerpo».
El Señor escuchó el grito de Elías y el alma del niño volvió a su cuerpo y el niño volvió
a la vida. Tomó Elías al niño, lo bajó de la habitación de arriba al interior de la casa y se
lo entregó a su madre, diciendo:
«Mira, tu hijo está vivo».
La mujer dijo a Elías:
«Ahora sé que eres un hombre de Dios, y que la palabra del Señor está de verdad en tu
boca».
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.
V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado
y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.
Señor, sacaste mi vida del abismo,
me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.
V. Tañed para el Señor, fieles suyos,
celebrad el recuerdo de su nombre santo;
su cólera dura un instante;
su bondad, de por vida;
al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana, el júbilo. R.
V. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;
Señor, socórreme.
Cambiaste mi luto en danzas.
Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.
Segunda lectura
Reveló a su Hijo en mí para que lo anunciara entre los gentiles
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas.
Os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí no es de origen humano;
pues yo no lo he recibido ni aprendido de ningún hombre, sino por revelación de
Jesucristo.
Porque habéis oído hablar de mi pasada conducta en el judaísmo: con qué saña perseguía
a la Iglesia de Dios y la asolaba, y aventajaba en el judaísmo a muchos de mi edad y de mi
raza como defensor muy celoso de las tradiciones de mis antepasados.
Pero, cuando aquel que me escogió desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia,
se dignó revelar a su Hijo en mí para que lo anunciara entre los gentiles, no consulté con
hombres ni subí a Jerusalén a ver a los apóstoles anteriores a mí, sino que, enseguida, me
fui a Arabia, y volví a Damasco.
Después, pasados tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas, y permanecí quince
días con él.
De los otros apóstoles no vi a ninguno, sino a Santiago, el hermano del Señor.
Palabra de Dios.
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Un gran Profeta ha surgido entre nosotros. Dios ha visitado a su pueblo. R.
Evangelio
¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!
+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.
En aquel tiempo, Jesús se fue a una ciudad llamada Naín, y caminaban con él sus
discípulos y mucho gentío.
Cuando se acercaba a la puerta de la ciudad, resultó que sacaban a enterrar a un muerto,
hijo único de su madre, que era viuda; y un gentío considerable de la ciudad la
acompañaba.
Al verla el Señor, se compadeció de ella y le dijo:
«No llores».
Y acercándose al ataúd, lo tocó (los que lo llevaban se pararon) y dijo:
«¡Muchacho, a ti te lo digo, levántate!».
El muerto se incorporó y empezó a hablar, y se lo entregó a su madre.
Todos, sobrecogidos de temor, daban gloria a Dios diciendo:
«Un gran Profeta ha surgido entre nosotros», y «Dios ha visitado a su pueblo».
Este hecho se divulgó por toda Judea y por toda la comarca circundante.
Palabra del Señor.