domingo, 27 de abril de 2025

2º Domingo de Pascua

Ciclo C

Primera lectura

Crecía el número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que

se adherían al Señor

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.

Por mano de los apóstoles se realizaban muchos signos y prodigios en medio del

pueblo.

Todos se reunían con un mismo espíritu en el pórtico de Salomón; los demás no se

atrevían a juntárseles, aunque la gente se hacía lenguas de ellos; más aún, crecía el

número de los creyentes, una multitud tanto de hombres como de mujeres, que se

adherían al Señor.

La gente sacaba los enfermos a las plazas, y los ponía en catres y camillas, para que, al

pasar Pedro, su sombra, por lo menos, cayera sobre alguno.

Acudía incluso mucha gente de las ciudades cercanas a Jerusalén, llevando a enfermos y

poseídos de espíritu inmundo, y todos eran curados.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Dad gracias al Señor porque es bueno,

porque es eterna su misericordia.

O bien:

R. Aleluya.

V. Diga la casa de Israel:

eterna es su misericordia.

Diga la casa de Aarón:

eterna es su misericordia.

Digan los que temen al Señor:

eterna es su misericordia. R.

V. La piedra que desecharon los arquitectos

es ahora la piedra angular.

Es el Señor quien lo ha hecho,

ha sido un milagro patente.

Este es el día que hizo el Señor:

sea nuestra alegría y nuestro gozo. R.

V. Señor, danos la salvación;

Señor, danos prosperidad.

Bendito el que viene en nombre del Señor,

os bendecimos desde la casa del Señor.

El Señor es Dios, él nos ilumina. R.

Segunda lectura

Estuve muerto, pero ya ves: vivo por los siglos de los siglos

Lectura del libro del Apocalipsis.

Yo, Juan, vuestro hermano y compañero en la tribulación, en el reino y en la

perseverancia en Jesús, estaba desterrado en la isla llamada Patmos a causa de la palabra

de Dios y del testimonio de Jesús.

El día del Señor fui arrebatado en espíritu y escuché detrás de mí una voz potente como

de trompeta que decía:

«Lo que estás viendo, escríbelo en un libro y envíalo a las siete iglesias».

Me volví para ver la voz que hablaba conmigo, y, vuelto, vi siete candelabros de oro, y

en medio de los candelabros como un Hijo de hombre, vestido de una túnica talar, y

ceñido el pecho con un cinturón de oro.

Cuando lo vi, caí a sus pies como muerto. Pero él puso su mano derecha sobre mí,

diciéndome:

«No temas; yo soy el Primero y el Último, el Viviente; estuve muerto, pero ya ves: vivo

por los siglos de los siglos, y tengo las llaves de la muerte y del abismo. Escribe, pues,

lo que estás viendo: lo que es y lo que ha de suceder después de esto».

Palabra de Dios.

SECUENCIA (opcional)

Ofrezcan los cristianos

ofrendas de alabanza

a gloria de la Víctima

propicia de la Pascua.

Cordero sin pecado

que a las ovejas salva,

a Dios y a los culpables

unió con nueva alianza.

Lucharon vida y muerte

en singular batalla,

y, muerto el que es la Vida,

triunfante se levanta.

«¿Qué has visto de camino,

María, en la mañana?»

«A mi Señor glorioso,

la tumba abandonada,

los ángeles testigos,

sudarios y mortaja.

¡Resucitó de veras

mi amor y mi esperanza!

Venid a Galilea,

allí el Señor aguarda;

allí veréis los suyos

la gloria de la Pascua».

Primicia de los muertos,

sabemos por tu gracia

que estás resucitado;

la muerte en ti no manda.

Rey vencedor, apiádate

de la miseria humana

y da a tus fieles parte

en tu victoria santa.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Porque me has visto, Tomás, has creído —dice el Señor—; bienaventurados los que crean sin haber visto. R.

Evangelio

A los ocho días llegó Jesús

+ Lectura del santo Evangelio según san Juan.

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa,

con las puertas cerradas por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio

y les dijo:

«Paz a vosotros».

Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de

alegría al ver al Señor. Jesús repitió:

«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».

Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados;

a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y

los otros discípulos le decían:

«Hemos visto al Señor».

Pero él les contestó:

«Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los

clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo».

A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús,

estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo:

«Paz a vosotros».

Luego dijo a Tomás:

«Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas

incrédulo, sino creyente».

Contestó Tomás:

«¡Señor mío y Dios mío!».

Jesús le dijo:

«¿Porque me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».

Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los

discípulos. Estos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de

Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Palabra del Señor.

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