domingo, 9 de noviembre de 2025

32º Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo C

Primera lectura

El Rey del universo nos resucitará para una vida eterna

Lectura del segundo libro de los Macabeos.

En aquellos días, sucedió que arrestaron a siete hermanos con su madre. El rey los hizo

azotar con látigos y nervios para forzarlos a comer carne de cerdo, prohibida por la ley.

Uno de ellos habló en nombre de los demás:

«¿Qué pretendes sacar de nosotros? Estamos dispuestos a morir antes que quebrantar la

ley de nuestros padres».

El segundo, estando a punto de morir, dijo:

«Tú, malvado, nos arrancas la vida presente; pero, cuando hayamos muerto por su ley,

el Rey del universo nos resucitará para una vida eterna».

Después se burlaron del tercero. Cuando le pidieron que sacara la lengua, lo hizo

enseguida y presentó las manos con gran valor. Y habló dignamente:

«Del Cielo las recibí y por sus leyes las desprecio; espero recobrarlas del mismo Dios».

El rey y su corte se asombraron del valor con que el joven despreciaba los tormentos.

Cuando murió este, torturaron de modo semejante al cuarto. Y, cuando estaba a punto

de morir, dijo:

«Vale la pena morir a manos de los hombres, cuando se tiene la esperanza de que Dios

mismo nos resucitará. Tú, en cambio, no resucitarás para la vida».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor.

V. Señor, escucha mi apelación,

atiende a mis clamores,

presta oído a mi súplica,

que en mis labios no hay engaño. R.

V. Mis pies estuvieron firmes en tus caminos,

y no vacilaron mis pasos.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;

inclina el oído y escucha mis palabras. R.

V. Guárdame como a las niñas de tus ojos,

a la sombra de tus alas escóndeme.

Yo con mi apelación vengo a tu presencia,

y al despertar me saciaré de tu semblante. R.

Segunda lectura

Que el Señor os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses.

Hermanos:

Que el mismo Señor nuestro, Jesucristo, y Dios, nuestro Padre, que nos ha amado y nos

ha regalado un consuelo eterno y una esperanza dichosa, consuele vuestros corazones y

os dé fuerza para toda clase de palabras y obras buenas.

Por lo demás, hermanos, orad por nosotros, para que la palabra del Señor siga

avanzando y sea glorificada, como lo fue entre vosotros, y para que nos veamos libres

de la gente perversa y malvada, porque la fe no es de todos.

El Señor, que es fiel, os dará fuerzas y os librará del Maligno.

En cuanto a vosotros, estamos seguros en el Señor de que ya cumplís y seguiréis

cumpliendo todo lo que os hemos mandado.

Que el Señor dirija vuestros corazones hacia el amor de Dios y la paciencia en Cristo.

Palabra de Dios.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Jesucristo es el primogénito de entre los muertos; a él, la gloria y el poder por los siglos de los siglos. R.

Evangelio

No es Dios de muertos, sino de vivos

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, se acercaron algunos saduceos, los que dicen que no hay resurrección,

y preguntaron a Jesús:

«Maestro, Moisés nos dejó escrito: “Si a uno se le muere su hermano, dejando mujer

pero sin hijos, que tome la mujer como esposa y dé descendencia a su hermano”. Pues

bien, había siete hermanos; el primero se casó y murió sin hijos. El segundo y el tercero

se casaron con ella, y así los siete, y murieron todos sin dejar hijos. Por último, también

murió la mujer. Cuando llegue la resurrección, ¿de cuál de ellos será la mujer? Porque

los siete la tuvieron como mujer».

Jesús les dijo:

«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean

juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los

muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya

que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.

Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza,

cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de

muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

Palabra del Señor.

Evangelio

No es Dios de muertos, sino de vivos

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

En aquel tiempo, Jesús, dirigiéndose a los saduceos, que dicen que no hay resurrección,

les dijo:

«En este mundo los hombres se casan y las mujeres toman esposo, pero los que sean

juzgados dignos de tomar parte en el mundo futuro y en la resurrección de entre los

muertos no se casarán ni ellas serán dadas en matrimonio. Pues ya no pueden morir, ya

que son como ángeles; y son hijos de Dios, porque son hijos de la resurrección.

Y que los muertos resucitan, lo indicó el mismo Moisés en el episodio de la zarza,

cuando llama al Señor: “Dios de Abrahán, Dios de Isaac, Dios de Jacob”. No es Dios de

muertos, sino de vivos: porque para él todos están vivos».

Palabra del Señor.

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