domingo, 26 de enero de 2025

3r Domingo Tiempo Ordinario

Ciclo C

Primera lectura

Leyeron el libro de la Ley, explicando su sentido

Lectura del libro de Nehemías.

En aquellos días, el día primero del mes séptimo, el sacerdote Esdras trajo el libro de la

ley ante la comunidad: hombres, mujeres y cuantos tenían uso de razón. Leyó el libro en

la plaza que está delante de la Puerta del Agua, desde la mañana hasta el mediodía, ante

los hombres, las mujeres y los que tenían uso de razón. Todo el pueblo escuchaba con

atención la lectura del libro de la ley.

El escriba Esdras se puso en pie sobre una tribuna de madera levantada para la ocasión.

Esdras abrió el libro en presencia de todo el pueblo, de modo que toda la multitud podía

verlo; al abrirlo, el pueblo entero se puso de pie. Esdras bendijo al Señor, el Dios

grande, y todo el pueblo respondió con las manos levantadas:

«Amén, amén».

Luego se inclinaron y adoraron al Señor, rostro en tierra.

Los levitas leyeron el libro de la ley de Dios con claridad y explicando su sentido, de

modo que entendieran la lectura.

Entonces el gobernador Nehemías, el sacerdote y escriba Esdras, y los levitas que

instruían al pueblo dijeron a toda la asamblea:

«Este día está consagrado al Señor, vuestro Dios. No estéis tristes ni lloréis» (y es que

todo el pueblo lloraba al escuchar las palabras de la ley).

Nehemías les dijo:

«Id, comed buenos manjares y bebed buen vino, e invitad a los que no tienen nada

preparado, pues este día está consagrado al Señor. ¡No os pongáis tristes; el gozo del

Señor es vuestra fuerza!».

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Tus palabras, Señor, son espíritu y vida.

V. La ley del Señor es perfecta

y es descanso del alma;

el precepto del Señor es fiel

e instruye a los ignorantes. R.

V. Los mandatos del Señor son rectos

y alegran el corazón;

la norma del Señor es límpida

y da luz a los ojos. R.

V. El temor del Señor es puro

y eternamente estable;

los mandamientos del Señor son verdaderos

y enteramente justos. R.

V. Que te agraden las palabras de mi boca,

y llegue a tu presencia el meditar de mi corazón,

Señor, Roca mía, Redentor mío. R.

Segunda lectura

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del

cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un

mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos.

Si dijera el pie: «Puesto que no soy mano, no formo parte del cuerpo», ¿dejaría por eso

de ser parte del cuerpo? Y si el oído dijera: «Puesto que no soy ojo, no formo parte del

cuerpo», ¿dejaría por eso de ser parte del cuerpo? Si el cuerpo entero fuera ojo, ¿dónde

estaría el oído?; si fuera todo oído, ¿dónde estaría el olfato? Pues bien, Dios distribuyó

cada uno de los miembros en el cuerpo como quiso.

Si todos fueran un solo miembro, ¿dónde estaría el cuerpo?

Sin embargo, aunque es cierto que los miembros son muchos, el cuerpo es uno solo.

El ojo no puede decir a la mano: «No te necesito»; y la cabeza no puede decir a los pies:

«No os necesito». Sino todo lo contrario, los miembros que parecen más débiles son

necesarios. Y los miembros del cuerpo que nos parecen más despreciables los rodeamos

de mayor respeto; y los menos decorosos los tratamos con más decoro; mientras que los

más decorosos no lo necesitan.

Pues bien, Dios organizó el cuerpo dando mayor honor a lo que carece de él, para que

así no haya división en el cuerpo, sino que más bien todos los miembros se preocupen

por igual unos de otros. Y si un miembro sufre, todos sufren con él; si un miembro es

honrado, todos se alegran con él.

Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Pues en la Iglesia Dios puso en primer lugar a los apóstoles; en segundo lugar, a los

profetas; en el tercero, a los maestros; después, los milagros; después el carisma de

curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas.

¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos

milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las

interpretan?

Palabra de Dios.

Segunda lectura

Vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:

Lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del

cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo.

Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un

mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo. Y todos hemos bebido de un solo Espíritu.

Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos.

Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro.

Palabra de Dios.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. El Señor me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad. R.

Evangelio

Hoy se ha cumplido esta Escritura

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Ilustre Teófilo:

Puesto que muchos han emprendido la tarea de componer un relato de los hechos que se

han cumplido entre nosotros, como nos los transmitieron los que fueron desde el

principio testigos oculares y servidores de la palabra, también yo he resuelto

escribírtelos por su orden después de investigarlo todo diligentemente desde el

principio, para que conozcas la solidez de las enseñanzas que has recibido.

En aquel tiempo, Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu; y su fama se extendió

por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan.

Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los

sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron el rollo del profeta Isaías

y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito:

«El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a

evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a

poner en libertad a los oprimidos; a proclamar el año de gracia del Señor».

Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga

tenía los ojos clavados en él.

Y él comenzó a decirles:

«Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír».

Palabra del Señor.

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