domingo, 27 de diciembre de 2026

Sagrada Familia

Ciclo B

Primera lectura

Quien teme al Señor honrará a sus padres

Lectura del libro del Eclesiástico.

El Señor honra más al padre que a los hijos

y afirma el derecho de la madre sobre ellos.

Quien honra a su padre expía sus pecados,

y quien respeta a su madre es como quien acumula tesoros.

Quien honra a su padre se alegrará de sus hijos

y cuando rece, será escuchado.

Quien respeta a su padre tendrá larga vida,

y quien honra a su madre obedece al Señor.

Hijo, cuida de tu padre en su vejez

y durante su vida no le causes tristeza.

Aunque pierda el juicio, sé indulgente con él

y no lo desprecies aun estando tú en pleno vigor.

Porque la compasión hacia el padre no será olvidada

y te servirá para reparar tus pecados.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Dichosos los que temen al Señor

y siguen sus caminos.

V. Dichoso el que teme al Señor

y sigue sus caminos.

Comerás del fruto de tu trabajo,

serás dichoso, te irá bien. R.

V. Tu mujer, como parra fecunda,

en medio de tu casa;

tus hijos, como renuevos de olivo,

SAGRADA FAMILIA [17]

alrededor de tu mesa. R.

V. Esta es la bendición del hombre

que teme al Señor.

Que el Señor te bendiga desde Sion,

que veas la prosperidad de Jerusalén

todos los días de tu vida. R.

Segunda lectura

La vida de familia en el Señor

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Colosenses.

Hermanos:

Como elegidos de Dios, santos y amados, revestíos de compasión entrañable, bondad,

humildad, mansedumbre, paciencia.

Sobrellevaos mutuamente y perdonaos cuando alguno tenga quejas contra otro.

El Señor os ha perdonado: haced vosotros lo mismo.

Y por encima de todo esto, el amor, que es el vínculo de la unidad perfecta.

Que la paz de Cristo reine en vuestro corazón: a ella habéis sido convocados en un solo

cuerpo.

Sed también agradecidos. La Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza;

enseñaos unos a otros con toda sabiduría; exhortaos mutuamente.

Cantad a Dios, dando gracias de corazón, con salmos, himnos y cánticos inspirados.

Y todo lo que de palabra o de obra realicéis, sea todo en nombre de Jesús, dando gracias

a Dios Padre por medio de él.

Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a

vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas.

Hijos, obedeced a vuestros padres en todo, que eso agrada al Señor. Padres, no

exasperéis a vuestros hijos, no sea que pierdan el ánimo.

Palabra de Dios.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. La paz de Cristo reine en vuestro corazón; la Palabra de Cristo habite entre vosotros en toda su riqueza. R. SAGRADA FAMILIA [17]

Evangelio

El niño iba creciendo, lleno de sabiduría

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de

Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la

ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la

oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que

aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido

revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado

según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

“luz para alumbrar a las naciones”

y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo

y dijo a María, su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un

signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se

pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada

en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y

cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.

Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los

que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres

volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y

robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

Evangelio

El niño iba creciendo, lleno de sabiduría

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de

Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres

volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y

robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

SAGRADA FAMILIA [17]

Lecturas alternativas para los años B

Primera lectura

Uno salido de tus entrañas será tu heredero

Lectura del libro del Génesis.

En aquellos días, el Señor dirigió a Abrán, en una visión, la siguiente palabra:

«No temas, Abrán, yo soy tu escudo, y tu paga será abundante».

Abrán contestó:

«Señor Dios, ¿qué me vas a dar si soy estéril, y Eliezer de Damasco será el amo de mi

casa?».

Abrán añadió:

«No me has dado hijos, y un criado de casa me heredará».

Pero el Señor le dirigió esta palabra:

«No te heredará ese, sino que uno salido de tus entrañas será tu heredero».

Luego lo sacó afuera y le dijo:

«Mira al cielo, y cuenta las estrellas, si puedes contarlas».

Y añadió:

«Así será tu descendencia».

Abrán creyó al Señor y se le contó como justicia.

El Señor visitó a Sara, como había dicho. El Señor cumplió con Sara lo que le había

prometido. Sara concibió y dio a Abrahán un hijo en su vejez, en el plazo que Dios le

había anunciado. Abrahán llamó Isaac al hijo que le había nacido, el que le había dado

Sara.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. El Señor es nuestro Dios,

se acuerda de su alianza eternamente.

V. Dad gracias al Señor, invocad su nombre,

dad a conocer sus hazañas a los pueblos.

Cantadle al son de instrumentos,

hablad de sus maravillas. R.

V. Gloriaos de su nombre santo,

que se alegren los que buscan al Señor.

Recurrid al Señor y a su poder,

buscad continuamente su rostro. R.

V. Recordad las maravillas que hizo,

sus prodigios, las sentencias de su boca.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;

hijos de Jacob, su elegido! R.

SAGRADA FAMILIA [17]

V. Se acuerda de su alianza eternamente,

de la palabra dada, por mil generaciones;

de la alianza sellada con Abrahán,

del juramento hecho a Isaac. R.

Segunda lectura

La fe de Abrahán, de Sara y de Isaac

Lectura de la carta a los Hebreos.

Hermanos:

Por la fe obedeció Abrahán a la llamada y salió hacia la tierra que iba a recibir en

heredad. Salió sin saber adónde iba.

Por la fe también Sara, siendo estéril, obtuvo vigor para concebir cuando ya le había

pasado la edad, porque consideró fiel al que se lo prometía.

Y así, de un hombre, marcado ya por la muerte, nacieron hijos numerosos, como las

estrellas del cielo y como la arena incontable de las playas.

Por la fe, Abrahán, puesto a prueba, ofreció a Isaac: ofreció a su hijo único, el

destinatario de la promesa, del cual le había dicho Dios: «Isaac continuará tu

descendencia».

Pero Abrahán pensó que Dios tiene poder hasta para resucitar de entre los muertos, de

donde en cierto sentido recobró a Isaac.

Palabra de Dios.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. En muchas ocasiones habló Dios antiguamente a los padres por los profetas. En esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo. R.

Evangelio

El niño iba creciendo, lleno de sabiduría

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de

Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la

ley del Señor: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor», y para entregar la

oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones».

Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que

aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo estaba con él. Le había sido

revelado por el Espíritu Santo que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor.

Impulsado por el Espíritu, fue al templo.

SAGRADA FAMILIA [17]

Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo acostumbrado

según la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo:

«Ahora, Señor, según tu promesa,

puedes dejar a tu siervo irse en paz.

Porque mis ojos “han visto a tu Salvador”,

a quien has presentado ante todos los pueblos:

“luz para alumbrar a las naciones”

y gloria de tu pueblo Israel».

Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. Simeón los bendijo

y dijo a María, su madre:

«Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un

signo de contradicción —y a ti misma una espada te traspasará el alma—, para que se

pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones».

Había también una profetisa, Ana, hija de Fanuel, de la tribu de Aser, ya muy avanzada

en años. De joven había vivido siete años casada, y luego viuda hasta los ochenta y

cuatro; no se apartaba del templo, sirviendo a Dios con ayunos y oraciones noche y día.

Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los

que aguardaban la liberación de Jerusalén.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres

volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y

robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

Evangelio

El niño iba creciendo, lleno de sabiduría

+ Lectura del santo Evangelio según san Lucas.

Cuando se cumplieron los días de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de

Jesús lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor.

Y, cuando cumplieron todo lo que prescribía la ley del Señor, Jesús y sus padres

volvieron a Galilea, a su ciudad de Nazaret. El niño, por su parte, iba creciendo y

robusteciéndose, lleno de sabiduría; y la gracia de Dios estaba con él.

Palabra del Señor.

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