Primera lectura
Él les contó cómo había visto al Señor en el camino
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles.
En aquellos días, llegado Pablo a Jerusalén, trataba de juntarse con los discípulos, pero
todos le tenían miedo, porque no se fiaban de que fuera discípulo.
Entonces Bernabé, tomándolo consigo, lo presentó a los apóstoles y Saulo les contó
cómo había visto al Señor en el camino, lo que le había dicho y cómo en Damasco había
actuado valientemente en el nombre de Jesús.
Saulo se quedó con ellos y se movía con libertad en Jerusalén, actuando valientemente
en el nombre del Señor. Hablaba y discutía también con los helenistas, que se
propusieron matarlo. Al enterarse los hermanos, lo bajaron a Cesarea y lo enviaron a
Tarso.
La Iglesia gozaba de paz en toda Judea, Galilea y Samaría. Se iba construyendo y
progresaba en el temor del Señor, y se multiplicaba con el consuelo del Espíritu Santo.
Palabra de Dios.
Salmo responsorial
R. El Señor es mi alabanza en la gran asamblea.
O bien:
R. Aleluya.
V. Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan.
¡Viva su corazón por siempre! R.
V. Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán los que duermen en la tierra,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R.
V. Mi descendencia lo servirá;
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
«Todo lo que hizo el Señor». R.
Segunda lectura
Este es su mandamiento: que creamos y que nos amemos
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan.
Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con obras.
En esto conoceremos que somos de la verdad y tranquilizaremos nuestro corazón ante
él, en caso de que nos condene nuestro corazón, pues Dios es mayor que nuestro
corazón y lo conoce todo.
Queridos, si el corazón no nos condena, tenemos plena confianza ante Dios. Cuanto
pidamos lo recibimos de él, porque guardamos sus mandamientos y hacemos lo que le
agrada.
Y este es su mandamiento: que creamos en el nombre de su Hijo, Jesucristo, y que nos
amemos unos a otros, tal como nos lo mandó.
Quien guarda sus mandamientos permanece en Dios, y Dios en él; en esto conocemos
que permanece en nosotros: por el Espíritu que nos dio.
Palabra de Dios.
Aleluya
R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Permaneced en mí, y yo en vosotros —dice el Señor—; el que permanece en mí da fruto abundante. R.
Evangelio
El que permanece en mí y yo en él, ese da fruto abundante
+ Lectura del santo Evangelio según san Juan.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Yo soy la verdadera vid, y mi Padre es el labrador. A todo sarmiento que no da fruto
en mí lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé más fruto.
Vosotros ya estáis limpios por la palabra que os he hablado; permaneced en mí, y yo en
vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco
vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ese da fruto
abundante; porque sin mí no podéis hacer nada. Al que no permanece en mí lo tiran
fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que deseáis, y se
realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos
míos».
Palabra del Señor.