domingo, 13 de abril de 2025

Domingo de Ramos

Ciclo C

Primera lectura

No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado

(Tercer cántico del Siervo del Señor)

Lectura del libro de Isaías.

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;

para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído,

para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído;

yo no resistí ni me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,

las mejillas a los que mesaban mi barba;

no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda,

por eso no sentía los ultrajes;

por eso endurecí el rostro como pedernal,

sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

V. Al verme, se burlan de mí,

hacen visajes, menean la cabeza:

«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;

que lo libre si tanto lo quiere». R.

V. Me acorrala una jauría de mastines,

me cerca una banda de malhechores;

me taladran las manos y los pies,

puedo contar mis huesos. R.

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

V. Se reparten mi ropa,

echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

V. Contaré tu fama a mis hermanos,

en medio de la asamblea te alabaré.

«Los que teméis al Señor, alabadlo;

linaje de Jacob, glorificadlo;

temedlo, linaje de Israel». R.

Segunda lectura

Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Cristo Jesús, siendo de condición divina,

no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;

al contrario, se despojó de sí mismo

tomando la condición de esclavo,

hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia,

se humilló a sí mismo,

hecho obediente hasta la muerte,

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo

y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;

de modo que al nombre de Jesús

toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor,

para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio Cf. Flp 2, 8-9

Puede emplearse alguna de las aclamaciones propuestas en la p. zzz, y se dice antes y

después del siguiente versículo:

V. Cristo se ha hecho por nosotros obediente

hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo

y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

Para la lectura de la historia de la Pasión del Señor no se llevan cirios ni incienso, ni se

hace al principio la salutación habitual, ni se signa el libro. Esta lectura la proclama el

diácono o, en su defecto, el mismo celebrante. Pero puede también ser proclamada por

lectores laicos, reservando, si es posible, al sacerdote la parte correspondiente a Cristo.

Si los lectores de la Pasión son diáconos, antes del canto de la Pasión piden la bendición

al celebrante, como en otras ocasiones antes del Evangelio; pero si los lectores no son

diáconos se omite esta bendición.

Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer

C. Cuando llegó la hora, Jesús se sentó a la mesa y los apóstoles con él y les dijo:

+ «Ardientemente he deseado comer esta Pascua con vosotros, antes de padecer, porque

os digo que ya no la volveré a comer hasta que se cumpla en el reino de Dios».

C. Y, tomando un cáliz, después de pronunciar la acción de gracias, dijo:

+ «Tomad esto, repartidlo entre vosotros; porque os digo que no beberé desde ahora del

fruto de la vid hasta que venga el reino de Dios».

Haced esto en memoria mía

C. Y, tomando pan, después de pronunciar la acción de gracias, lo partió y se lo dio

diciendo:

+ «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros; haced esto en memoria mía».

C. Después de cenar, hizo lo mismo con el cáliz diciendo:

+ «Este cáliz es la nueva alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros».

Ay de aquel hombre por quien el Hijo del hombre es entregado

+ «Pero mirad: la mano del que me entrega está conmigo, en la mesa. Porque el Hijo del

hombre se va, según lo establecido; pero ¡ay de aquel hombre por quien es entregado!».

C. Ellos empezaron a preguntarse unos a otros sobre quién de ellos podía ser el que iba

a hacer eso.

Yo estoy en medio de vosotros como el que sirve

C. Se produjo también un altercado a propósito de quién de ellos debía ser tenido como

el mayor. Pero él les dijo:

+ «Los reyes de las naciones las dominan, y los que ejercen la autoridad se hacen llamar

bienhechores. Vosotros no hagáis así, sino que el mayor entre vosotros se ha de hacer

como el menor, y el que gobierna, como el que sirve.

Porque ¿quién es más, el que está a la mesa o el que sirve? ¿Verdad que el que está a la

mesa? Pues yo estoy en medio de vosotros como el que sirve.

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

Vosotros sois los que habéis perseverado conmigo en mis pruebas, y yo preparo para

vosotros el reino como me lo preparó mi Padre a mí, de forma que comáis y bebáis a mi

mesa en mi reino, y os sentéis en tronos para juzgar a las doce tribus de Israel».

Tú, cuando te hayas convertido, confirma a tus hermanos

+ «Simón, Simón, mira que Satanás os ha reclamado para cribaros como trigo. Pero yo

he pedido por ti, para que tu fe no se apague. Y tú, cuando te hayas convertido,

confirma a tus hermanos».

C. Él le dijo:

S. «Señor, contigo estoy dispuesto a ir incluso a la cárcel y a la muerte».

C. Pero él le dijo:

+ «Te digo, Pedro, que no cantará hoy el gallo antes de que tres veces hayas negado

conocerme».

Es necesario que se cumpla en mí lo que está escrito

C. Y les dijo:

+ «Cuando os envié sin bolsa, ni alforja, ni sandalias, ¿os faltó algo?».

C. Dijeron:

S. «Nada».

C. Jesús añadió:

+ «Pero ahora, el que tenga bolsa, que la lleve consigo, y lo mismo la alforja; y el que

no tenga espada, que venda su manto y compre una. Porque os digo que es necesario

que se cumpla en mí lo que está escrito: “Fue contado entre los pecadores”, pues lo que

se refiere a mí toca a su fin».

C. Ellos dijeron:

S. «Señor, aquí hay dos espadas».

C. Él les dijo:

+ «Basta».

En medio de su angustia, oraba con más intensidad

C. Salió y se encaminó, como de costumbre, al monte de los Olivos, y lo siguieron los

discípulos. Al llegar al sitio, les dijo:

+ «Orad, para no caer en tentación».

C. Y se apartó de ellos como a un tiro de piedra y, arrodillado, oraba diciendo:

+ «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la

tuya».

C. Y se le apareció un ángel del cielo, que lo confortaba. En medio de su angustia, oraba

con más intensidad. Y le entró un sudor que caía hasta el suelo como si fueran gotas

espesas de sangre. Y, levantándose de la oración, fue hacia sus discípulos, los encontró

dormidos por la tristeza, y les dijo:

+ «¿Por qué dormís? Levantaos y orad, para no caer en tentación».

Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?

C. Todavía estaba hablando, cuando apareció una turba; iba a la cabeza el llamado

Judas, uno de los Doce. Y se acercó a besar a Jesús.

Jesús le dijo:

+ «Judas, ¿con un beso entregas al Hijo del hombre?».

C. Viendo los que estaban con él lo que iba a pasar, dijeron:

S. «Señor, ¿herimos con la espada?».

C. Y uno de ellos hirió al criado del sumo sacerdote y le cortó la oreja derecha.

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

Jesús intervino diciendo:

+ «Dejadlo, basta».

C. Y, tocándole la oreja, lo curó. Jesús dijo a los sumos sacerdotes y a los oficiales del

templo, y a los ancianos que habían venido contra él:

+ «¿Habéis salido con espadas y palos como en busca de un bandido? Estando a diario

en el templo con vosotros, no me prendisteis. Pero esta es vuestra hora y la del poder de

las tinieblas».

Pedro, saliendo afuera, lloró amargamente

C. Después de prenderlo, se lo llevaron y lo hicieron entrar en casa del sumo sacerdote.

Pedro lo seguía desde lejos. Ellos encendieron fuego en medio del patio, se sentaron

alrededor, y Pedro estaba sentado entre ellos.

Al verlo una criada sentado junto a la lumbre, se lo quedó mirando y dijo:

S. «También este estaba con él».

C. Pero él lo negó diciendo:

S. «No lo conozco, mujer».

C. Poco después, lo vio otro y le dijo:

S. «Tú también eres uno de ellos».

C. Pero Pedro replicó:

S. «Hombre, no lo soy».

C. Y pasada cosa de una hora, otro insistía diciendo:

S. «Sin duda, este también estaba con él, porque es galileo».

C. Pedro dijo:

S. «Hombre, no sé de qué me hablas».

C. Y enseguida, estando todavía él hablando, cantó un gallo. El Señor, volviéndose, le

echó una mirada a Pedro, y Pedro se acordó de la palabra que el Señor le había dicho:

«Antes de que cante hoy el gallo, me negarás tres veces».

Y, saliendo afuera, lloró amargamente.

Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?

C. Y los hombres que tenían preso a Jesús se burlaban de él, dándole golpes.

Y, tapándole la cara, le preguntaban diciendo:

S. «Haz de profeta: ¿quién te ha pegado?».

C. E, insultándolo, proferían contra él otras muchas cosas.

Lo condujeron ante su Sanedrín

C. Cuando se hizo de día, se reunieron los ancianos del pueblo, con los jefes de los

sacerdotes y los escribas; lo condujeron ante su Sanedrín, y le dijeron:

S. «Si tú eres el Mesías, dínoslo».

C. Él les dijo:

+ «Si os lo digo, no lo vais a creer; y si os pregunto, no me vais a responder.

Pero, desde ahora, el Hijo del hombre estará sentado a la derecha del poder de Dios».

C. Dijeron todos:

S. «Entonces, ¿tú eres el Hijo de Dios?».

C. Él les dijo:

+ «Vosotros lo decís, yo lo soy».

C. Ellos dijeron:

S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testimonios? Nosotros mismos lo hemos oído de su

boca».

C. Y levantándose toda la asamblea, lo llevaron a presencia de Pilato.

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Y se pusieron a acusarlo diciendo:

S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que

se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».

C. Pilato le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Él le responde:

+ «Tú lo dices».

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta

llegar aquí».

C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la

jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo

remitió.

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que

deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía

muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.

Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él,

poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron

amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre sí.

Pilato entregó a Jesús a su voluntad

C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les

dijo:

S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he

interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las

culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que

no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Ellos vociferaron en masa:

S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».

C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un

homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Por tercera vez les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la

muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo

su griterío.

Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al

que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su

voluntad.

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del

campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban

lamentos por él.

Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque

mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que

no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los

montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con

el leño verde, ¿qué harán con el seco?».

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los

malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Jesús decía:

+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.

Este es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre,

diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

Hoy estarás conmigo en el paraíso

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo

estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este

no ha hecho nada malo».

C. Y decía:

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

C. Jesús le dijo:

+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora

nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús,

clamando con voz potente, dijo:

+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:

S. «Realmente, este hombre era justo».

C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que

habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.

Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a

distancia, viendo todo esto.

José colocó el cuerpo de Jesús en un sepulcro excavado en la roca

C. Había un hombre, llamado José, que era miembro del Sanedrín, hombre bueno y

justo (este no había dado su asentimiento ni a la decisión ni a la actuación de ellos); era

natural de Arimatea, ciudad de los judíos, y aguardaba el reino de Dios. Este acudió a

Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús. Y, bajándolo, lo envolvió en una sábana y lo colocó

en un sepulcro excavado en la roca, donde nadie había sido puesto todavía.

Era el día de la Preparación y estaba para empezar el sábado. Las mujeres que lo habían

acompañado desde Galilea lo siguieron, y vieron el sepulcro y cómo había sido

colocado su cuerpo. Al regresar, prepararon aromas y mirra. Y el sábado descansaron de

acuerdo con el precepto.

Palabra del Señor.

Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Lucas.

C. En aquel tiempo, los ancianos del pueblo, con los jefes de los sacerdotes y los

escribas llevaron a Jesús a presencia de Pilato.

No encuentro ninguna culpa en este hombre

C. Y se pusieron a acusarlo diciendo:

S. «Hemos encontrado que este anda amotinando a nuestra nación, y oponiéndose a que

se paguen tributos al César, y diciendo que él es el Mesías rey».

C. Pilato le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Él le responde:

+ «Tú lo dices».

C. Pilato dijo a los sumos sacerdotes y a la gente:

S. «No encuentro ninguna culpa en este hombre».

C. Pero ellos insistían con más fuerza, diciendo:

S. «Solivianta al pueblo enseñando por toda Judea, desde que comenzó en Galilea hasta

llegar aquí».

C. Pilato, al oírlo, preguntó si el hombre era galileo; y, al enterarse de que era de la

jurisdicción de Herodes, que estaba precisamente en Jerusalén por aquellos días, se lo

remitió.

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio

C. Herodes, al ver a Jesús, se puso muy contento, pues hacía bastante tiempo que

deseaba verlo, porque oía hablar de él y esperaba verle hacer algún milagro. Le hacía

muchas preguntas con abundante verborrea; pero él no le contestó nada.

Estaban allí los sumos sacerdotes y los escribas acusándolo con ahínco.

Herodes, con sus soldados, lo trató con desprecio y, después de burlarse de él,

poniéndole una vestidura blanca, se lo remitió a Pilato. Aquel mismo día se hicieron

amigos entre sí Herodes y Pilato, porque antes estaban enemistados entre sí.

Pilato entregó a Jesús a su voluntad

C. Pilato, después de convocar a los sumos sacerdotes, a los magistrados y al pueblo, les

dijo:

S. «Me habéis traído a este hombre como agitador del pueblo; y resulta que yo lo he

interrogado delante de vosotros y no he encontrado en este hombre ninguna de las

culpas de que lo acusáis; pero tampoco Herodes, porque nos lo ha devuelto: ya veis que

no ha hecho nada digno de muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Ellos vociferaron en masa:

S. «¡Quita de en medio a ese! Suéltanos a Barrabás».

C. Este había sido metido en la cárcel por una revuelta acaecida en la ciudad y un

homicidio.

Pilato volvió a dirigirles la palabra queriendo soltar a Jesús, pero ellos seguían gritando:

S. «¡Crucifícalo, crucifícalo!».

C. Por tercera vez les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho este? No he encontrado en él ninguna culpa que merezca la

muerte. Así que le daré un escarmiento y lo soltaré».

C. Pero ellos se le echaban encima, pidiendo a gritos que lo crucificara; e iba creciendo

su griterío.

Pilato entonces sentenció que se realizara lo que pedían: soltó al que le reclamaban (al

que había metido en la cárcel por revuelta y homicidio), y a Jesús se lo entregó a su

voluntad.

Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí

C. Mientras lo conducían, echaron mano de un cierto Simón de Cirene, que volvía del

campo, y le cargaron la cruz, para que la llevase detrás de Jesús.

Lo seguía un gran gentío del pueblo, y de mujeres que se golpeaban el pecho y lanzaban

lamentos por él.

Jesús se volvió hacia ellas y les dijo:

+ «Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí, llorad por vosotras y por vuestros hijos, porque

mirad que vienen días en los que dirán: “Bienaventuradas las estériles y los vientres que

no han dado a luz y los pechos que no han criado”. Entonces empezarán a decirles a los

montes: “Caed sobre nosotros”, y a las colinas: “Cubridnos”; porque, si esto hacen con

el leño verde, ¿qué harán con el seco?».

C. Conducían también a otros dos malhechores para ajusticiarlos con él.

Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen

C. Y cuando llegaron al lugar llamado «La Calavera», lo crucificaron allí, a él y a los

malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda.

Jesús decía:

+ «Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen».

DOMINGO DE RAMOS – MISA [38]

C. Hicieron lotes con sus ropas y los echaron a suerte.

Este es el rey de los judíos

C. El pueblo estaba mirando, pero los magistrados le hacían muecas diciendo:

S. «A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

C. Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre,

diciendo:

S. «Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

C. Había también por encima de él un letrero: «Este es el rey de los judíos».

Hoy estarás conmigo en el paraíso

C. Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

S. «¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

C. Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

S. «¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo

estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, este

no ha hecho nada malo».

C. Y decía:

S. «Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

C. Jesús le dijo:

+ «En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».

Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu

C. Era ya como la hora sexta, y vinieron las tinieblas sobre toda la tierra, hasta la hora

nona, porque se oscureció el sol. El velo del templo se rasgó por medio. Y Jesús,

clamando con voz potente, dijo:

+ «Padre, a tus manos encomiendo mi espíritu».

C. Y, dicho esto, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. El centurión, al ver lo ocurrido, daba gloria a Dios diciendo:

S. «Realmente, este hombre era justo».

C. Toda la muchedumbre que había concurrido a este espectáculo, al ver las cosas que

habían ocurrido, se volvía dándose golpes de pecho.

Todos sus conocidos y las mujeres que lo habían seguido desde Galilea se mantenían a

distancia, viendo todo esto.

Palabra del Señor.

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