domingo, 27 de junio de 2027

13º Domingo del Tiempo Ordinario

Ciclo B

Primera lectura

Por envidia del diablo entró la muerte en el mundo

Lectura del libro de la Sabiduría.

Dios no ha hecho la muerte,

ni se complace destruyendo a los vivos.

Él todo lo creó para que subsistiera

y las criaturas del mundo son saludables:

no hay en ellas veneno de muerte,

ni el abismo reina en la tierra.

Porque la justicia es inmortal.

Dios creó al hombre incorruptible

y lo hizo a imagen de su propio ser;

mas por envidia del diablo entró la muerte en el mundo,

y la experimentan los de su bando.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.

V. Te ensalzaré, Señor, porque me has librado

y no has dejado que mis enemigos se rían de mí.

Señor, sacaste mi vida del abismo,

me hiciste revivir cuando bajaba a la fosa. R.

V. Tañed para el Señor, fieles suyos,

celebrad el recuerdo de su nombre santo;

su cólera dura un instante;

su bondad, de por vida;

al atardecer nos visita el llanto;

por la mañana, el júbilo. R.

V. Escucha, Señor, y ten piedad de mí;

Señor, socórreme.

Cambiaste mi luto en danzas.

Señor, Dios mío, te daré gracias por siempre. R.

Segunda lectura

Vuestra abundancia remedia la carencia de los hermanos pobres

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios.

Hermanos:

Lo mismo que sobresalís en todo —en fe, en la palabra, en conocimiento, en empeño y

en el amor que os hemos comunicado—, sobresalid también en esta obra de caridad.

Pues conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, el cual, siendo rico, se hizo pobre

por vosotros para enriqueceros con su pobreza.

Pues no se trata de aliviar a otros, pasando vosotros estrecheces; se trata de igualar. En

este momento, vuestra abundancia remedia su carencia, para que la abundancia de ellos

remedie vuestra carencia; así habrá igualdad.

Como está escrito:

«Al que recogía mucho no le sobraba; y al que recogía poco no le faltaba».

Palabra de Dios.

Aleluya

R. Aleluya, aleluya, aleluya. V. Nuestro Salvador, Cristo Jesús, destruyó la muerte, e hizo brillar la vida por medio del Evangelio. R.

Evangelio

Contigo hablo, niña, levántate

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha

gente a su alrededor y se quedó junto al mar.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies,

rogándole con insistencia:

«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Se fue con él y lo seguía mucha gente que lo apretujaba.

Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Había sufrido

mucho a manos de los médicos y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez

de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la

gente, le tocó el manto, pensando:

«Con solo tocarle el manto curaré».

Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias y notó que su cuerpo estaba

curado. Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió enseguida, en medio de

la gente y preguntaba:

«¿Quién me ha tocado el manto?».

Los discípulos le contestaban:

«Ves cómo te apretuja la gente y preguntas: “¿Quién me ha tocado?”».

Él seguía mirando alrededor, para ver a la que había hecho esto. La mujer se acercó

asustada y temblorosa, al comprender lo que le había ocurrido, se le echó a los pies y le

confesó toda la verdad.

Él le dice:

«Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz y queda curada de tu enfermedad».

Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:

«No temas; basta que tengas fe».

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de

Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que

lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:

«¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus

acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:

«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de

sí llenos de estupor.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor.

Evangelio

Contigo hablo, niña, levántate

+ Lectura del santo Evangelio según san Marcos.

En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha

gente a su alrededor y se quedó junto al mar.

Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies,

rogándole con insistencia:

«Mi niña está en las últimas; ven, impón las manos sobre ella, para que se cure y viva».

Se fue con él y lo seguía mucha gente.

Llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle:

«Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?».

Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga:

«No temas; basta que tengas fe».

No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de

Santiago. Llegan a casa del jefe de la sinagoga y encuentra el alboroto de los que

lloraban y se lamentaban a gritos y después de entrar les dijo:

«¿Qué estrépito y qué lloros son estos? La niña no está muerta; está dormida».

Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus

acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo:

«Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).

La niña se levantó inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y quedaron fuera de

sí llenos de estupor.

Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor.

🇪🇸 Català 🇬🇧 English 🇩🇪 Deutsch
Calendario Litúrgico
Add to Home Screen