domingo, 21 de marzo de 2027

Domingo de Ramos

Ciclo B

Primera lectura

No escondí el rostro ante ultrajes, sabiendo que no quedaría defraudado

(Tercer cántico del Siervo del Señor)

Lectura del libro de Isaías.

El Señor Dios me ha dado una lengua de discípulo;

para saber decir al abatido una palabra de aliento.

Cada mañana me espabila el oído,

para que escuche como los discípulos.

El Señor Dios me abrió el oído;

yo no resistí ni me eché atrás.

Ofrecí la espalda a los que me golpeaban,

las mejillas a los que mesaban mi barba;

no escondí el rostro ante ultrajes y salivazos.

El Señor Dios me ayuda,

por eso no sentía los ultrajes;

por eso endurecí el rostro como pedernal,

sabiendo que no quedaría defraudado.

Palabra de Dios.

Salmo responsorial

R. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?

V. Al verme, se burlan de mí,

hacen visajes, menean la cabeza:

«Acudió al Señor, que lo ponga a salvo;

que lo libre si tanto lo quiere». R.

V. Me acorrala una jauría de mastines,

me cerca una banda de malhechores;

me taladran las manos y los pies,

puedo contar mis huesos. R.

DOMINGO DE RAMOS [38]

V. Se reparten mi ropa,

echan a suerte mi túnica.

Pero tú, Señor, no te quedes lejos;

fuerza mía, ven corriendo a ayudarme. R.

V. Contaré tu fama a mis hermanos,

en medio de la asamblea te alabaré.

«Los que teméis al Señor, alabadlo;

linaje de Jacob, glorificadlo;

temedlo, linaje de Israel». R.

Segunda lectura

Se humilló a sí mismo; por eso Dios lo exaltó sobre todo

Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Filipenses.

Cristo Jesús, siendo de condición divina,

no retuvo ávidamente el ser igual a Dios;

al contrario, se despojó de sí mismo

tomando la condición de esclavo,

hecho semejante a los hombres.

Y así, reconocido como hombre por su presencia,

se humilló a sí mismo,

hecho obediente hasta la muerte,

y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo

y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre;

de modo que al nombre de Jesús

toda rodilla se doble

en el cielo, en la tierra, en el abismo,

y toda lengua proclame:

Jesucristo es Señor,

para gloria de Dios Padre.

Palabra de Dios.

Versículo antes del Evangelio Cf. Flp 2, 8-9

Puede emplearse alguna de las aclamaciones propuestas en la p. zzz, y se dice antes y

después del siguiente versículo:

V. Cristo se ha hecho por nosotros obediente

hasta la muerte, y una muerte de cruz.

Por eso Dios lo exaltó sobre todo

y le concedió el Nombre-sobre-todo-nombre.

DOMINGO DE RAMOS [38]

Para la lectura de la historia de la Pasión del Señor no se llevan cirios ni incienso, ni se

hace al principio la salutación habitual, ni se signa el libro. Esta lectura la proclama el

diácono o, en su defecto, el mismo celebrante. Pero puede también ser proclamada por

lectores laicos, reservando, si es posible, al sacerdote la parte correspondiente a Cristo.

Si los lectores de la Pasión son diáconos, antes del canto de la Pasión piden la bendición

al celebrante, como en otras ocasiones antes del Evangelio; pero si los lectores no son

diáconos se omite esta bendición.

Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte

C. Faltaban dos días para la Pascua y los Ácimos. Los sumos sacerdotes y los escribas

andaban buscando cómo prender a Jesús a traición y darle muerte. Pero decían:

S. «No durante las fiestas; podría amotinarse el pueblo».

Se ha adelantado a embalsamar mi cuerpo para la sepultura

C. Estando Jesús en Betania, en casa de Simón, el leproso, sentado a la mesa, llegó una

mujer con un frasco de perfume muy caro, de nardo puro; quebró el frasco y se lo

derramó sobre la cabeza. Algunos comentaban indignados:

S. «¿A qué viene este derroche de perfume? Se podía haber vendido por más de

trescientos denarios para dárselo a los pobres».

C. Y reprendían a la mujer. Pero Jesús replicó:

+ «Dejadla, ¿por qué la molestáis? Una obra buena ha hecho conmigo. Porque a los

pobres los tenéis siempre con vosotros y podéis socorrerlos cuando queráis; pero a mí

no me tenéis siempre. Ella ha hecho lo que podía: se ha adelantado a embalsamar mi

cuerpo para la sepultura. En verdad os digo que, en cualquier parte del mundo donde se

proclame el Evangelio, se hablará de lo que esta ha hecho, para memoria suya».

Prometieron a Judas Iscariote darle dinero

C. Judas Iscariote, uno de los Doce, fue a los sumos sacerdotes para entregarles a Jesús.

Al oírlo, se alegraron y le prometieron darle dinero. Él andaba buscando ocasión

propicia para entregarlo.

¿Cuál es la habitación donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?

C. El primer día de los Ácimos, cuando se sacrificaba el cordero pascual, le dijeron a

Jesús sus discípulos:

S. «¿Dónde quieres que vayamos a prepararte la cena de Pascua?».

C. Él envió a dos discípulos diciéndoles:

+ «Id a la ciudad, os saldrá al paso un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidlo, y

en la casa adonde entre, decidle al dueño: “El Maestro pregunta: ¿Cuál es la habitación

donde voy a comer la Pascua con mis discípulos?”.

Os enseñará una habitación grande en el piso de arriba, acondicionada y dispuesta.

Preparádnosla allí».

DOMINGO DE RAMOS [38]

C. Los discípulos se marcharon, llegaron a la ciudad, encontraron lo que les había dicho

y prepararon la Pascua.

Uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo conmigo

C. Al atardecer fue él con los Doce. Mientras estaban a la mesa comiendo dijo Jesús:

+ «En verdad os digo que uno de vosotros me va a entregar: uno que está comiendo

conmigo».

C. Ellos comenzaron a entristecerse y a preguntarle uno tras otro:

S. «¿Seré yo?».

C. Respondió:

+ «Uno de los Doce, el que está mojando en la misma fuente que yo. El Hijo del

hombre se va, como está escrito; pero, ¡ay de aquel hombre por quien el Hijo del

hombre será entregado!; ¡más le valdría a ese hombre no haber nacido!».

Esto es mi cuerpo. Esta es mi sangre de la alianza

C. Mientras comían, Jesús tomó pan y, pronunciando la bendición, lo partió y se lo dio

diciendo:

+ «Tomad, esto es mi cuerpo».

C. Después tomó el cáliz, pronunció la acción de gracias, se lo dio y todos bebieron.

Y les dijo:

+ «Esta es mi sangre de la alianza, que es derramada por muchos. En verdad os digo que

no volveré a beber del fruto de la vid hasta el día que beba el vino nuevo en el reino de

Dios».

Antes que el gallo cante dos veces, tú me habrás negado tres

C. Después de cantar el himno, salieron para el monte de los Olivos. Jesús les dijo:

+ «Todos os escandalizaréis, como está escrito: “Heriré al pastor y se dispersarán las

ovejas”.

Pero cuando resucite, iré delante de vosotros a Galilea».

C. Pedro le replicó:

S. «Aunque todos caigan, yo no».

C. Jesús le dice:

+ «En verdad te digo que hoy, esta misma noche, antes que el gallo cante dos veces, tú

me habrás negado tres».

C. Pero él insistía:

S. «Aunque tenga que morir contigo, no te negaré».

C. Y los demás decían lo mismo.

Empezó a sentir espanto y angustia

C. Llegan a un huerto, que llaman Getsemaní, y dice a sus discípulos:

+ «Sentaos aquí mientras voy a orar».

C. Se lleva consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, empezó a sentir espanto y angustia, y

les dice:

+ «Mi alma está triste hasta la muerte. Quedaos aquí y velad».

C. Y, adelantándose un poco, cayó en tierra y rogaba que, si era posible, se alejase de él

aquella hora; y decía:

+ «¡Abba!, Padre: tú lo puedes todo, aparta de mí este cáliz.

Pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres».

C. Vuelve y, al encontrarlos dormidos, dice a Pedro:

DOMINGO DE RAMOS [38]

+ «Simón ¿duermes?, ¿no has podido velar una hora? Velad y orad, para no caer en

tentación; el espíritu está pronto, pero la carne es débil».

C. De nuevo se apartó y oraba repitiendo las mismas palabras. Volvió y los encontró

otra vez dormidos, porque sus ojos se les cerraban. Y no sabían qué contestarle. Vuelve

por tercera vez y les dice:

+ «Ya podéis dormir y descansar. ¡Basta! Ha llegado la hora; mirad que el Hijo del

hombre va a ser entregado en manos de los pecadores. ¡Levantaos, vamos! Ya está cerca

el que me entrega».

Prendedlo y conducidlo bien sujeto

C. Todavía estaba hablando, cuando se presenta Judas, uno de los Doce, y con él gente

con espadas y palos, mandada por los sumos sacerdotes, los escribas y los ancianos. El

traidor les había dado una contraseña, diciéndoles:

S. «Al que yo bese, es él: prendedlo y conducidlo bien sujeto».

C. Y en cuanto llegó, acercándosele le dice:

S. «¡Rabbí!».

C. Y lo besó. Ellos le echaron mano y lo prendieron. Pero uno de los presentes,

desenvainando la espada, de un golpe le cortó la oreja al criado del sumo sacerdote.

Jesús tomó la palabra y les dijo:

+ «¿Habéis salido a prenderme con espadas y palos, como si fuera un bandido? A diario

os estaba enseñando en el templo y no me detuvisteis. Pero, que se cumplan las

Escrituras».

C. Y todos lo abandonaron y huyeron.

Lo iba siguiendo un muchacho envuelto solo en una sábana; y le echaron mano, pero él,

soltando la sábana, se les escapó desnudo.

¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?

C. Condujeron a Jesús a casa del sumo sacerdote, y se reunieron todos los sumos

sacerdotes y los escribas y los ancianos. Pedro lo fue siguiendo de lejos, hasta el interior

del patio del sumo sacerdote; y se sentó con los criados a la lumbre para calentarse.

Los sumos sacerdotes y el Sanedrín en pleno buscaban un testimonio contra Jesús, para

condenarlo a muerte; y no lo encontraban. Pues, aunque muchos daban falso testimonio

contra él, los testimonios no concordaban. Y algunos, poniéndose de pie, daban falso

testimonio contra él diciendo:

S. «Nosotros le hemos oído decir: “Yo destruiré este templo, edificado por manos

humanas, y en tres días construiré otro no edificado por manos humanas”».

C. Pero ni siquiera en esto concordaban los testimonios.

El sumo sacerdote, levantándose y poniéndose en el centro, preguntó a Jesús:

S. «¿No tienes nada que responder? ¿Qué son estos cargos que presentan contra ti?».

C. Pero él callaba, sin dar respuesta. De nuevo le preguntó el sumo sacerdote:

S. «¿Eres tú el Mesías, el Hijo del Bendito?».

C. Jesús contestó:

+ «Yo soy. Y veréis al Hijo del hombre sentado a la derecha del Poder y que viene entre

las nubes del cielo».

C. El sumo sacerdote, rasgándose las vestiduras, dice:

S. «¿Qué necesidad tenemos ya de testigos? Habéis oído la blasfemia. ¿Qué os

parece?».

C. Y todos lo declararon reo de muerte. Algunos se pusieron a escupirlo y, tapándole la

cara, lo abofeteaban y le decían:

S. «Profetiza».

DOMINGO DE RAMOS [38]

C. Y los criados le daban bofetadas.

No conozco a ese hombre del que habláis

C. Mientras Pedro estaba abajo en el patio, llega una criada del sumo sacerdote, ve a

Pedro calentándose, lo mira fijamente y dice:

S. «También tú estabas con el Nazareno, con Jesús».

C. Él lo negó diciendo:

S. «Ni sé ni entiendo lo que dices».

C. Salió fuera al zaguán y un gallo cantó. La criada, al verlo, volvió a decir a los

presentes:

S. «Este es uno de ellos».

C. Pero él de nuevo lo negaba. Al poco rato, también los presentes decían a Pedro:

S. «Seguro que eres uno de ellos, pues eres galileo».

C. Pero él se puso a echar maldiciones y a jurar:

S. «No conozco a ese hombre del que habláis».

C. Y enseguida, por segunda vez, cantó el gallo. Pedro se acordó de las palabras que le

había dicho Jesús:

«Antes que el gallo cante dos veces, me habrás negado tres», y rompió a llorar.

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el

Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.

Pilato le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Él respondió:

+ «Tú lo dices».

C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:

S. «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».

C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía

soltarles un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los

rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se

había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.

Pilato les preguntó:

S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de

Barrabás.

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:

S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».

C. Ellos gritaron de nuevo:

S. «Crucifícalo».

C. Pilato les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho?».

C. Ellos gritaron más fuerte:

S. «Crucifícalo».

C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de

azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le ponen una corona de espinas, que habían trenzado

DOMINGO DE RAMOS [38]

C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a

toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían

trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:

S. «¡Salve, rey de los judíos!».

C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se

postraban ante él.

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para

crucificarlo.

Conducen a Jesús al Gólgota

C. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo;

y lo obligan a llevar la cruz.

Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

«Fue contado entre los enemigos»

C. y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus

ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito:

«El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su

izquierda.

A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar

C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:

S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando

de la cruz».

C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:

S. «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel,

baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».

C. También los otros crucificados lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

C. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la

hora nona, Jesús clamó con voz potente:

+ «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?».

C. (Que significa:

+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

S. «Mira, llama a Elías».

C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le

daba de beber diciendo:

S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».

C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

S. «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

C. Había también unas mujeres que miraban desde lejos; entre ellas María la

Magdalena, María la madre de Santiago el Menor y de Joset, y Salomé, las cuales,

DOMINGO DE RAMOS [38]

cuando estaba en Galilea, lo seguían y servían; y otras muchas que habían subido con él

a Jerusalén.

José rodó una piedra a la entrada del sepulcro

C. Al anochecer, como era el día de la Preparación, víspera del sábado, vino José de

Arimatea, miembro noble del Sanedrín, que también aguardaba el reino de Dios; se

presentó decidido ante Pilato y le pidió el cuerpo de Jesús.

Pilato se extrañó de que hubiera muerto ya; y, llamando al centurión, le preguntó si

hacía mucho tiempo que había muerto.

Informado por el centurión, concedió el cadáver a José. Este compró una sábana y,

bajando a Jesús, lo envolvió en la sábana y lo puso en un sepulcro, excavado en una

roca, y rodó una piedra a la entrada del sepulcro.

María Magdalena y María, la madre de Joset, observaban dónde lo ponían.

Palabra del Señor.

Evangelio

Pasión de nuestro Señor Jesucristo

Pasión de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?

C. Apenas se hizo de día, los sumos sacerdotes con los ancianos, los escribas y el

Sanedrín en pleno, hicieron una reunión. Llevaron atado a Jesús y lo entregaron a Pilato.

Pilato le preguntó:

S. «¿Eres tú el rey de los judíos?».

C. Él respondió:

+ «Tú lo dices».

C. Y los sumos sacerdotes lo acusaban de muchas cosas. Pilato le preguntó de nuevo:

S. «¿No contestas nada? Mira de cuántas cosas te acusan».

C. Jesús no contestó más; de modo que Pilato estaba extrañado. Por la fiesta solía

soltarles un preso, el que le pidieran. Estaba en la cárcel un tal Barrabás, con los

rebeldes que habían cometido un homicidio en la revuelta. La muchedumbre que se

había reunido comenzó a pedirle lo que era costumbre.

Pilato les preguntó:

S. «¿Queréis que os suelte al rey de los judíos?».

C. Pues sabía que los sumos sacerdotes se lo habían entregado por envidia.

Pero los sumos sacerdotes soliviantaron a la gente para que pidieran la libertad de

Barrabás.

Pilato tomó de nuevo la palabra y les preguntó:

S. «¿Qué hago con el que llamáis rey de los judíos?».

C. Ellos gritaron de nuevo:

S. «Crucifícalo».

C. Pilato les dijo:

S. «Pues ¿qué mal ha hecho?».

C. Ellos gritaron más fuerte:

S. «Crucifícalo».

DOMINGO DE RAMOS [38]

C. Y Pilato, queriendo complacer a la gente, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de

azotarlo, lo entregó para que lo crucificaran.

Le ponen una corona de espinas, que habían trenzado

C. Los soldados se lo llevaron al interior del palacio —al pretorio— y convocaron a

toda la compañía. Lo visten de púrpura, le ponen una corona de espinas, que habían

trenzado, y comenzaron a hacerle el saludo:

S. «¡Salve, rey de los judíos!».

C. Le golpearon la cabeza con una caña, le escupieron; y, doblando las rodillas, se

postraban ante él.

Terminada la burla, le quitaron la púrpura y le pusieron su ropa. Y lo sacan para

crucificarlo.

Conducen a Jesús al Gólgota

C. Pasaba uno que volvía del campo, Simón de Cirene, el padre de Alejandro y de Rufo;

y lo obligan a llevar la cruz.

Y conducen a Jesús al Gólgota (que quiere decir lugar de «la Calavera»),

«Fue contado entre los enemigos»

C. y le ofrecían vino con mirra; pero él no lo aceptó. Lo crucifican y se reparten sus

ropas, echándolas a suerte, para ver lo que se llevaba cada uno.

Era la hora tercia cuando lo crucificaron. En el letrero de la acusación estaba escrito:

«El rey de los judíos». Crucificaron con él a dos bandidos, uno a su derecha y otro a su

izquierda.

A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar

C. Los que pasaban lo injuriaban, meneando la cabeza y diciendo:

S. «Tú que destruyes el templo y lo reconstruyes en tres días, sálvate a ti mismo bajando

de la cruz».

C. De igual modo, también los sumos sacerdotes comentaban entre ellos, burlándose:

S. «A otros ha salvado y a sí mismo no se puede salvar. Que el Mesías, el rey de Israel,

baje ahora de la cruz, para que lo veamos y creamos».

C. También los otros crucificados lo insultaban.

Jesús, dando un fuerte grito, expiró

C. Al llegar la hora sexta toda la región quedó en tinieblas hasta la hora nona. Y a la

hora nona, Jesús clamó con voz potente:

+ «Eloí Eloí, lemá sabaqtaní?».

C. (Que significa:

+ «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»).

C. Algunos de los presentes, al oírlo, decían:

S. «Mira, llama a Elías».

C. Y uno echó a correr y, empapando una esponja en vinagre, la sujetó a una caña, y le

daba de beber diciendo:

S. «Dejad, a ver si viene Elías a bajarlo».

C. Y Jesús, dando un fuerte grito, expiró.

Todos se arrodillan, y se hace una pausa.

C. El velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo.

DOMINGO DE RAMOS [38]

El centurión, que estaba enfrente, al ver cómo había expirado, dijo:

S. «Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios».

Palabra del Señor.

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